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El Sótano del Horror: Lo Que Mamá Esconde

Description

¿Te atreverías a bajar al sótano? 😱 #Misterio #TerritorioProhibido #Sustos

Script Vidéo

El Sótano de Mamá."Bienvenido A Sombras De Blad". Nadie en el pueblo hablaba de la casa de los Márquez después de lo ocurrido. No porque no quisieran… sino porque los que lo intentaban, dejaban de hacerlo muy pronto. La casa seguía en pie, vieja, húmeda, con la pintura descascarada y las ventanas siempre cerradas, como si algo dentro no quisiera ver la luz del día. Pero lo más extraño no era la casa… era el sótano. —No bajes ahí —decía mamá con una sonrisa suave, casi dulce—. Es peligroso. Pero nunca explicaba por qué. Desde pequeño, Daniel sintió que algo no estaba bien. Cada noche, cuando todo quedaba en silencio, se escuchaban golpes… lentos… arrastrados… como si alguien caminara sin poder levantar los pies. Arrr… arr… arr… —¿Lo oyes? —preguntó una vez a su madre. Ella lo miró fijamente, con los ojos muy abiertos, y respondió en voz baja: —Son ratas. Pero Daniel sabía que no eran ratas. Las ratas no susurran. Porque sí… también había susurros. Al principio eran débiles, apenas un murmullo. Pero con el tiempo se volvieron más claros. —Daniel… —Ven… —Tengo frío… Una noche, mientras su madre dormía, Daniel no pudo resistir más. Bajó de su cama, caminó descalzo por el pasillo y se detuvo frente a la puerta del sótano. La manija estaba fría… demasiado fría. Cuando la giró, un olor horrible salió desde abajo. Un olor a humedad… a carne podrida… a algo que llevaba mucho tiempo encerrado. Las escaleras crujieron bajo su peso. Paso a paso… Más abajo… Más oscuro… Hasta que lo vio. Una silla. Y atado a ella… algo. No era una persona… o al menos ya no lo parecía. Su piel estaba gris, estirada, pegada a los huesos. Sus ojos… abiertos… completamente negros. Y entonces… sonrió. —Por fin bajaste… Daniel retrocedió, temblando. —¿Quién… quién eres? La cosa inclinó la cabeza de forma antinatural. —Soy… el primero… —¿El primero qué? —El primero que mamá trajo aquí… El corazón de Daniel se detuvo por un instante. —¿Mamá…? La criatura soltó una risa seca, rota. —Ella siempre necesita hijos… pero se aburren rápido… se rompen… En ese momento, una luz se encendió detrás de Daniel. —Te dije que no bajaras… Era su madre. Pero algo había cambiado. Su sonrisa… ya no era humana. Sus ojos… completamente negros. —Ahora lo arruinaste —susurró. Daniel intentó correr, pero algo lo sujetó. Manos. Muchas manos saliendo de la oscuridad. Manos frías… podridas… desesperadas. —No… ¡mamá, por favor! Ella se acercó lentamente. —No soy tu mamá… —dijo con una voz que no era suya—. Solo uso su piel. Daniel gritó… pero nadie en el pueblo escuchó. A la mañana siguiente, la casa volvió a quedar en silencio. Y esa noche… Desde el sótano… Se escuchó una nueva voz. —Ayuda… por favor… tengo frío… Y arriba… en la cocina… “Mamá” sonreía. Esperando.